Mientras en el techo las gotas suenan, parecen repiquetear en su interior, gotas que parecen limpiar el polvo de lo más profundo de su ser, y sacan a relucir lo que en realidad es, un gran montón de confusiones. Confusiones a las que siempre les temió, y nunca logro enfrentarlas. Con la lluvia ellas vuelven, porque vuelven a su pensamiento añoranzas mal disfrazadas de superaciones y sonrisas vacías. De sentimientos que son, pero los reprime, no los deja ser por temor a que le sean más fuertes, Por temor a perderse en su infinita confusión.
Es hipócrita consigo mismo, cree no tener puntos medios y ser extremista, cuando su realidad es todo el contrario, siempre está al medio de la linea, jamas en los extremos, no sabe odiar y tampoco amar. No discierne entre bien y mal, y tampoco actúa en función de ello, simplemente lo hace y a veces se arrepiente.
Pero llega la lluvia y lo limpia, lo purifica, lo deja pensar y ver su realidad, y siente lastima de si, de su hipocresía frente a la vida. Se repudia a si mismo, por predicar lo que no es, por vender semillas que el mismo no planta ni cultiva, por ocultarse y odiar lo que realmente es, por no dejar ser su mente inquieta, por reprimir su espíritu crítico por el temor al repudio y la soledad a la que conlleva su naturaleza.
Solo cuando llega la lluvia el lo percibe, sea lluvia de otoño, invierno, verano o primavera, sea cual sea, ella lo abre, lo purifica, lo deja verse a si mismo, solo la lluvia. Pero como dicen "Siempre que llovió, paró", y siempre que ella acaba, acaba su sensatez y el vuelve a su vida hipócrita, a su aparente normalidad, a su interior turbado de confusiones, que solo espera gotas de lluvia para poder verse a si mismo, y sueña con una lluvia eterna para no volver jamas a ser lo que aparenta ser, y poder vivir con lo que realmente es.
-Ruben Silva-
-Ruben Silva-

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