Y llegó ese día en que las ideas se acabaron, que ya no había más que escribir, en ese pesado libro llamado vida. Estaba el hombre allí sentado, vacío; curtido por sus propias vivencias. Teniendo sonrisas que estaban manchadas de la pintura de su vida,
Tantos colores vivos,
Y tantos opacos,
Tantas sombras delineadas al pasar el tiempo,
Que llegó ese momento en que ya no podía pensar, que ya no podía sentir, estaba en efecto vacío, viviendo de constantes recuerdos de su pasado lejano y reciente.
Cayendo en la cuenta de que todo lo que pensó, no fue, que cuando creyó ganar perdió, y cuando creyó perder, fue de manera atroz.
Fue allí en aquel solitario y frío lugar, con esa música empedernida, que lo llevaba de un extremo a otro de su vida, golpeándolo contra todas las paredes, como si esas paredes fueran palabras, cada verso de cada canción tenía un significado para él.
Cada canción le traía imágenes a su cabeza, -la música se estaba transformando en su vida-. Sus vivencias estaban siendo todas cantadas, y el las estaba volviendo a sufrir con cada palabra. Estaba perdiendo su alma en el pasado, perdía su tiempo en "re-sufrir" lo ya sufrido. Sin poder percibir lo que le ocurría en el presente, temiendo al pasado que le acobardó y agotó su ser. Perdiéndose en la constante lejanía de lo que no fue, por más que el quiso que fuera.
La realidad no estaba a su alcance, porque la realidad siempre era irreal. Cuando de pronto la música cambió, una magistral nota abrió una puerta en su cabeza, y los rayos de luz se dejaron ver por entre la nube del humo de sus cigarrillos. Su mente se tele-transportó y se vio a sí mismo decrépito, encerrado, preso de sí mismo. Todo en un flash, esa puerta parecía ofrecer una nueva oportunidad, una esperanza de liberarse, pero en ese momento no lo concibió, dejó que la puerta quedara así, entreabierta, con esos rayos de luz penetrando, mostrando claridad, se embebió más aún en alcohol y cigarrillos, dejando su mente perderse en la oscuridad y el dolor de lo que antes fue, pero siempre fue consciente de que aquella puerta estaba abierta. Se perdió, pero en un momento de esa noche negra, se volvió a ver.
Volvió a ver su realidad, monótona y decrépita, y se cansó.
Intentó levantarse, y se cayó, en ese momento su pasado pesó más que nunca, le pareció volver a sentir todos sus dolores, y sintió añoranza de ellos, que al fin y al cabo eran su vida, sus malos compañeros, pero en fin los únicos. En su estado podía percibir que ellos eran sus compañeros, ellos eran su vida, pero también ellos lo tenían prisionero, encerrado y tan solo como nunca lo hubiera imaginado.
Y así fue como luchó contra ellos, por su libertad, cansado de la decrepitud, y como pudo logró llegar a la puerta, que estaba entreabierta, y la terminó de abrir. Fue encandilado por la luminosidad, por unos momentos no logró ver lo que había más allá de la puerta.
Cuando logró ver, vio vacío, y vio libertad. Temió, y miró hacia atrás, y vio su prisión. Y en ese momento pudo darse cuenta de que la vida estaba en ese vacío al que debía arrojarse para escapar de su prisión, que la libertad era arrojarse, sin saber qué le esperaba, que la realidad siempre era irreal e incierta, que los recuerdos hacen parte de la vida, pero solo han de quedar en nuestra mente, y no hacernos prisioneros.
Que vivir la vida siempre es saltar al vacío, sin saber cuán larga es la caída y cuán fuerte es el golpe que hay al final.
Que para saltar se debe ser consciente que después de un salto, puede haber una caída y un golpe que inevitablemente van a acabar con la vida y se transformará en la muerte, la misma muerte que lo iba a encontrar en su decrépita prisión, y que de ella no hay como esconderse.
Miró nuevamente su prisión y saltó.
—Rúben Silva.

Excelente! Más que un cuento, es una alegoría.
ResponderEliminarPrisión, recuerdos, realidad, vacío; la vida incierta, la vida que pesa en nuestros pensamientos, nuestros pensamientos que pesan o intentan libertad, pero todo es una apuesta. Todo eso es nuestro.
Cada uno con su puerta...
Es impresionante como todos, de alguna manera, muestran en sus escritos, poetizada, alegorizada o como sea, una etapa de transición, un vislumbre de algo nuevo que se abre, que se impone. Hay tensiones y ganas de decir. ¡Me encanta! ¡Y me encantó este texto!
ResponderEliminarAle.
Que es personal sin dudas que si, pero yo diría que más que cada uno con su puerta, sería cada uno con su lucha para poder alcanzar esa puerta, luchando contra todos las diferentes dificultades que se le presentan en el trayecto(Que pueden ser sus propias vivencias, recuerdos, sentimientos, etc, etc.) y luego de alcanzarla vacilar si hacerlo o no. Si vale la pena el riesgo. Y te digo: desde mi perspectiva, ahí comienza el salto.
ResponderEliminarCuántas veces saltamos, morimos y revivimos, nos re inventamos y seguimos? Infinitas veces.
ResponderEliminarAlgunos muchas veces, infinitas como decís, esos son quienes viven (según mi perspectiva), pero cuantos también mueren si siquiera luchar por escapar?? Encerrados en su decrepitud??...
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