La luz del día se escondía en la lejanía, y
las cosas se trasformaban poco a poco en sombras cada vez más oscuras. El frío
se colaba por las rendijas de mi ventana con lentas pero continuas ráfagas.
Mis manos recorrieron la línea de su torso
desnudo a los ojos de los que disfrutan y distante a los que lo ignoran. Las
líneas que describía su silueta en la penumbra causaban en mí una extraña
fascinación.
Entonces lo abrí….
Las letras entraron en mí, hasta lo más
profundo, entre más leía más quería leer, entre más sabía, más quería saber. Un
frío inerte apagó la luz que se comenzaba a encender en mis ojos, mientras una
amarga navaja cortaba. Las letras se escaparon por mi garganta así como mi vida
con ellas…
Lo último que pensé fue, ¿por qué no me
dejo terminar de leer?...
-MAR.

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