Acércate, y comparte con nosotros esta ronda. Esta tertulia se abre hoy como una ventana al paisaje de nuestras subjetividades, un papel en blanco para todas las tintas, una taza de café para la calidez de nuestras sensibilidades.
Existen muchos lenguajes, y todos en sus particularidades nos sirven para comprender nuestro entorno, nuestra vida, nuestro prójimo, y a nosotros mismos. El universo puede ser visto y sentido a través de cada una de esas narrativas, como lo son las ciencias y las artes. Todas ellas están entrelazadas. Cada persona, en su necesidad comunicativa, elige el canal de contacto con todo lo que rodea su existencia.
Tinta y Café tiene el propósito de ser un baúl de anteojos diversos: algunos redondos y otros cuadrados, algunos antiguos y otros modernos, algunos de sombra y otros con mucho aumento, algunos con armazón de plástico y otros de metal; y todos los que sientan el impulso de la expresión podrán coger su anteojo favorito y contarnos lo que ven a través de él. Pero no olvidemos que cada visión no es más que el producto de esos anteojos. Me preguntarán ahora ¿por qué no ver el universo real con los ojos desnudos? No hay visión del universo que sea más verdadera que las demás, no existe contacto con la realidad sino con nuestras propias perspectivas personales, la realidad no es más que un duelo de perspectivas. Nuestros ojos desnudos son tan subjetivos como los anteojos que elijamos. Por eso, estos anteojos se revelan como un producto de las ansias de nuestros propios ojos. Disfrutemos nuestros gustos, y también los de los otros, ¿por qué no intercambiar y contemplar la belleza de la visión de otros anteojos?
Inquietos corazones se han rebelado contra la dictadura de las rutinas agotadoras, esa que nosotros mismos nos la imponemos cuando, ante el grito de nuestra propia sed, nos auto-excusamos con la escasez de tiempo y la superpoblación de tareas en nuestra mente. El grito de "¡yo también tengo algo que decir!" debe sonar aquí como una reconquista de nuestro yo, que a veces se encuentra rendido a la estéril rutina de leer y escuchar con ligereza. No, detengamos la correría del día a día, detengámonos, acerquémonos a esta ronda, y pongámonos a charlar sobre cosas que merecen ser saboreadas en toda su exquisitez. Hablemos con tinta y café.
— David Benavídez.