Estaba imaginando una historia…
Te llamé porque hacía tiempo no sabía nada de ti.
Después de aquel viaje todo cambió. Quería solamente sentir la emoción de más
una vez oír tu voz. Entre suspiros que suspendían las palabras en mi boca y la
angustia que traía dentro de mí, convirtieron aquel momento en una extraña
sensación de ansiedades ahogadas que salían a la superficie para respirar.
Conté nueve eternos segundos después de haberte
dicho:
-Hola, soy yo.
Solo para escucharte decir:
-¡Ah!...vos.
Es cierto que esperaba algo como un:
-¡Oh no! ¿Vos?... Ho- Ho- Hola ¿có-cómo estás?
Pero tan solo un "¡cuanto tiempo!" me
dejaría más tranquilo, porque después del "¿Qué te hizo llamarme?"
sentí el deseo de desaparecer. Es que el miedo me hizo temblar y parecía que ya
estaba respirando un "¡Desaparece de mi vida!" y no quise arriesgar.
Empecé a buscar entre mis ideas una excusa para
escapar del tema, pero solo me venía tu imagen y tú tierna y delicada piel,
entonces pensé: ¡No! ¡Eso no!
Pero luego recapacité, es esto o un
"¡Desaparece de mi vida!".
Fue por eso que elegí la primera opción.
Y luego te respondí:
-Es que estoy vendiendo flores y necesito gente,
que me ayude, y pensé en ti.
Al terminar tan primaveral excusa mi mente voló
unos instantes mi corazón aceleró su pulso pensando rápidamente a quién le
pediría dinero prestado para abrir una florería, si me dijeras que
"si" y lo cuán feliz, por primera vez, me haría escuchar de tu
importante boca un nuevo "no".
Luego del rápido vuelo tu burlante risa me hizo
volver a tierra, fue cuando escuché aquellas tan reconfortantes y vergonzosas
palabras:
-¡Ya te voy a enseñar mejores excusas!
No tuve otra que tímidamente reírme, combinando la
risa con una invitación:
-¿Tomamos un café?
No sé por qué, mi amor, después de tantos años
recordé esta anécdota, quizá por la importancia de aquella llamada, o porque se
me antojó un café.
¿Tomamos un café?
Rut


